Fecha de publicacion: 01-Mar-2010
Llevaban días anunciándolo. La gente estaba advertida. Se acercaba e iba a atravesar España un fenómeno llamado ciclogénesis explosiva. No iba a afectar a todas las zonas pero a la mia, al menos, sí.
No sé que opinaréis. A mí eso de ciclogénesis explosiva no me sonaba nada bien. No sé si por lo de "ciclo", que te hacía pensar en un ciclón, o por lo de "explosiva", que era, como mínimo, para preocuparte un poco.
Yo estaba convencido de que las calles iban a parecer desiertos. Estaba convencido de que la gente se iba a encerrar en sus casas, persianas bajadas inclusive, a aguantar el temporal. Al fin y a la postre, iban a ser sólo unas horas. ¿Qué necesidad hay de salir a jugarte el pellejo por mucho que fuese sábado?
Y así hicimos. Sacamos a nuestra mascota lo más pronto posible, cuando el viento soplaba ya fuerte, pero tolerable. Y luego nos hicimos fuertes en casa. Eso sí, sin luz, que poco aguantó los embates de Eolo.
Pero, al parecer, la mayoría de las personas no pensaban como yo. Entre ellas, una que, al menos, me ha servido para conocer cómo estaban las cosas en el pueblo.
¡La calle estaba llena de gente! Más, si cabe, que un sábado normal. La gente se reía, mientras el viento soplaba cada vez más fuerte. Los bares, salvo los pocos que contaban con un generador, estaban sin luces, pero llenos. La gente se animaba a salir y casi se iban contra las paredes. Los que entraban venian, cada uno, con su "souvenir". Un cacho de teja, de una pared, cualquier cosa. Contenedores de basura llegaron a "saltar" por encima de algún muro. Cristales de algunos pisos saltaron rotos. Bastantes árboles, de eso puedo dar fe, se troncharon.
Y la gente ahí, tan feliz. ¿Somos o no somos unos inconscientes? ¿O soy yo el "cobarde"?
En Burgos, dos operarios murieron cuando un tendido eléctrico seccionó su coche cual lata de sardinas. Ellos estaban trabajando. Corrían un riesgo, pero era su cometido. Pero, y el resto de la gente, ¿qué hacía ajijí ajajá por ahí?
Pero eso no es lo peor. Los adultos pueden hacer lo que les dé la gana. Si se la juegan y les pasa algo, allá cuidados.
Pero en la calle no faltaban los niños. Un montón de niños. Claro, cualquiera les mantiene en casa un sábado por la tarde sin luz. Sin poder jugar a la wii. Nada. Niños a la calle. Como si fueran a las barracas. Los cascotes y los cristales volando y los niños jugando por ahí. Alguno ya recibió un golpe. Gracias a Dios, no pasó a mayores. Pero, como digo, gracias a Dios. Y no a unos padres irresponsables que se merecen un severo toque de atención. ¡Que había alerta roja, señores! ¡Alerta roja! Que ya no hay más colores, hombre. Que los niños no pintaban nada en la calle. Los tienes en casita, tú con ellos, y charlas o les das una linterna para que lean. Lo que sea. No les llevas a ver la ciclogénesis explosiva como si fueran a la feria. Para que no incordien. Para que tú te puedas tomar tus cervezas, aunque sean calientes.
Eso sí. Que un padre no dé una torta a un niño. Que se le cae el pelo. Si la torta se la da un cascote volante, no le pasará nada.
En fin. Así de inconscientes son algunos. Y es que tener niños es facilísimo. La técnica, más o menos, la conocemos todos (a lo mejor algún día escribo un monográfico sobre el tema). Lo verdaderamente difícil no es hacerse padre, sino serlo. Eso sí es complicado.
P. D. Al cierre esta edición, se confirma que tampoco han sufrido daños por la ciclogénesis, las poltronas de la inmensa mayoría de políticos ineptos, cenutrios, corruptos y sinvergüenzas. Esta claro que esas poltronas están agarradas al suelo mucho mejor que algunos árboles.